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Las dos caras de la creación de hábitos

En un proyecto en el que trabajé con los supervisores y gestores del call center de una gran multinacional pude comprobar la problemática entre la creación de hábitos y la consecución de resultados.

El nivel de exigencia a los profesionales en relación con la duración de las llamadas era muy alto. Cronometraban “al segundo” cada una de ellas. Esta circunstancia exigía a los profesionales realizar las gestiones muy rápidamente. Para lograrlo, cada gestor debía tener interiorizado el procedimiento hasta el punto de que “poder hacerlo con los ojos cerrados”.  La rapidez de respuesta y la ausencia de errores venían dadas porque los profesionales creaban buenos hábitos en relación al procedimiento.  No obstante, estos procedimientos cambiaban periódicamente y algunas personas tenían dificultades a corto plazo para cumplir los nuevos procedimientos. ¿Por qué sucedía esto?

El motivo era que los hábitos adquiridos les jugaban una mala pasada. Les impedían o dificultaban interiorizar una nueva pauta/procedimiento. La tendencia innata era a aplicar el procedimiento anterior, al que estaban acostumbrados. Como podemos ver, los hábitos habían ayudado a cumplir los objetivos pero también les dificultaba adquirir unos nuevos.  Es como si el hábito nos dijera: “Te he sido útil y ahora que ya no lo soy ¿vas a dejar de lado? ¡No te lo voy a poner fácil!”. Partiendo de la premisa de que contar con hábitos es más positivo que perjudicial, ¿qué podemos hacer para evitar un efecto negativo de nuestros hábitos?

Cómo evitar los efectos negativos de la creación de hábitos

1.- En primer lugar, debemos analizar qué tipo de hábitos generamos. En este sentido es importante diferenciar aquellos hábitos útiles o inútiles.

Los hábitos inútiles son aquellos que nos dificultan o nos impiden conseguir nuestros objetivos en un momento determinado. Puede que en un momento anterior hayan sido útiles, pero si en el contexto presente no lo son, se convierten en un lastre.

Los útiles o saludables son aquellos que ayudan a lograr nuestro propósito de una manera eficiente.

2.- También debemos analizar los hábitos el grado de arraigo de nuestros hábitos. Los hábitos tienen que ver con la costumbre y con la personalidad. Evidentemente los primeros serán más fáciles de cambiar que los segundos, pero ambos pueden modificarse con conciencia, esfuerzo y tiempo.

3.- Una vez que tenemos claros los tipos de hábitos, debemos tomar conciencia de cómo nos afectan. Para ello es importante hacerse algunas de estas preguntas: ¿Qué tipo de hábitos son a los que más nos agarramos? ¿Qué utilidad tienen para nosotros? ¿Desde qué momento un hábito deja de sernos útil?, ¿Cómo nos damos cuenta de ello?, ¿Qué hacemos al respecto? ¿Nos es fácil desprendernos de nuestros hábitos? ¿Qué nos impide desprendernos del hábito?

Contestando a estas preguntas, seremos un poco más conscientes de cómo nos afectan los hábitos y seremos capaces de dominarlos.

4.- Finalmente, una de las mejores claves para poder dominar los hábitos y utilizarnos en nuestro beneficio y no es nuestro perjuicio es dejar de crearlos.

En otras palabras, debemos empezar a crear el hábito de cambiar de hábitos.

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